viernes, 26 de junio de 2020

PONIENTE



Dirijo mis pasos hacia un poniente con agitadas aguas, espuma blanca y un céfiro que me acaricia frenando los pasos para indicarme que, antes de volver es necesario parar y contemplarlo. Ha perdido el color el horizonte y entre sus gotas brumosas, aparece al fondo el pueblo confundido con el puerto que ya duerme en la neblina de su lecho. Hace rato que se ocultó el sol que había dorado la olas y teñido el mar de plata.

Me siento sobre la arena y un leve escalofrío mueve mis sentimientos. Procuro alejarlos y sepultar en el fondo del mar, rendirme al presente que oscila sobre una barca imaginaria y un marino errante que nunca llega. Todo él está vacío, sólo la barca vibrante me envía olor a madera húmeda con el ligero sabor rancio del pescado que otro día brincaba con sus últimos estertores, el repicar de la campana que anuncia la llegada al puerto y una estela de espuma que se desvanece a lo lejos.
Bajo un mar cada día nuevo, ya confundido con el cielo, una fuerza me clava a este lugar con el arpón de un Eolo ciego, del que escapo siempre a mi destino, a la vez que triste, con renovado anhelo.  
Antonia Marcelo 26/06/2020

lunes, 22 de junio de 2020

IMÁGENES



                                 Edificio metálico hoy en el Campus Universitario

Con todo el cariño acumulado en los recuerdos de mi infancia, vuelvo a recorrer las antiguas calles de mi ciudad camino del mercado. Acompaño a mi hermana mayor que me había acogido en su casa para que estudiara. Recuerdo los pasos rápidos hacia el mercado de la Plaza Alta, el olor a manzanas maduras mezclado con los de las carnicerías y todo tipo de artículo comestible que se vendía en aquél original edificio metálico. La algarabía infantil agarrada a las faldas de su madre y las voces de los vendedores que pregonaban sus productos recién traídos de los pueblos colindantes. Una postal rancia de los años setenta, que por arte de la superación de sus gentes hoy ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos.
De aquella plaza, por arte de magia, había desaparecido todo vestigio de su arquitectura original tapado por el edificio metálico, que se mantuvo regio en medio de la plaza durante setenta años, anulando las casas consistoriales, los arcos mudéjares, las casas coloradas o la plaza San José.
Todo aquello en los días cálidos se me presenta en blanco y negro, detenido en el tiempo como el sol en la cima de una montaña, lejana, luminosa, cálida y placentera, guardando el equilibrio a la espera de volver a vivir la algarada de aquellos día de alegre visita al mercado.
Antonia Marcelo 22-06-2020

miércoles, 10 de junio de 2020

GRACIAS




Se suaviza el confinamiento  durante el cual he aprendido sobre todo a valorar el tiempo vivido, repasarlo al caer la noche, con lentitud, para ponerle puntos y guardar en el cajón de la vida aquellos momentos que más plácidos me han sido. Sacar el agua del cántaro, mirar el brillo interior y el olor mezcla de agua y barro, con ello comprobar al fin que la carga se ha vuelto ligera.
En este trayecto hacia un futuro incierto, como es el día a día, he prescindido de todo aquello que no me proporcione el tiempo ni la calidez de lo que me rodea. Con él puedo paladear todos los sabores, incluso los recuerdos, pues para ello sólo necesito cerrar los ojos y pensar cómo olía la calle recorrida, la comida en el paladar y el tacto de la ropa al abrazar un ser querido.
Sin embargo, debo aprender urgentemente a cerrar mis oídos a todo aquello que horada los sentimientos, nubla el conocimiento y vacía de actitud grata el regalo que es cuanto bueno me acontece. Ver que todos los puntos confluyen en un nuevo amanecer.

Antonia Marcelo 10-06-2020

domingo, 7 de junio de 2020

RENACER MARIPOSA







Me ha despertado esta noche una bandada de pájaros que discutían azarosamente saltando de rama en rama, el fuerte viento ha debido caer el nido y el polluelo que encontramos ayer muerto en el suelo, también ellos saben de desamor y añoranzas.
Cruzo la acera con el paso lento que me acompaña. Es temprano y la brisa del río mueve las hojas de los árboles, infiriendo en ellos una sombra tenebrosa. La luna nueva se ha ocultado entre las nubes de este junio que ha llegado sin poder remediarlo. Saltan los peces del río provocadores formando ondas interminables en el agua, mientras los patos de mil brillantes colores se abalanzan sobre ellos, para de un trago engullirlos en el proceso natural de pervivencia.
Si alguna vez, este cuerpo que me habita se convierte en mariposa, me iré a vivir en el ático donde liban las mariposas. El viento me cubrirá de caricias, el vaivén de las hojas mecerá mis siestas, y en las noches veré pasar entre las ramas de los árboles la luna nueva.
Antonia Marcelo 07-06-20