domingo, 22 de marzo de 2026

GRACIAS, GRACIAS

 


“Del hueso de una aceituna tengo que hacer un tintero, del tintero una pluma, de la pluma un palillero”

 

Escuchar esta canción infantil me ha reparado el alma. Porque volver a la niñez es conseguir la aguja y el hilo que cose todos los rotos que han transcurrido en la madurez. Igual que la canción que cantábamos en los corros de la puerta de la iglesia al atardecer, cuando las calles se han cansado de las siestas y los hombres y mujeres del pueblo sentados en sus hamacas se balancean y comentan con sus vecinos cómo está siendo la cosecha, cómo está el abuelo, cuándo se casaría la niña, cuándo lloverá o cuándo dejará de llover. Porque allí se escuchaban los grillos en las esquinas y las ranas del arroyo; sobre el cielo no circulaba otra cosa que no fueran aves volando, el ruido más alto era el martillo de la fragua, el crepitar del fuego en la chimenea, la máquina de coser cuando las chicas bordaban sus ajuares o el arriero sobre su carro cantando una canción de amor… y todo olía a limpio, las sábanas secando al sol, la tierra húmeda cuando llovía, el borboteo del puchero…
Por eso tengo que dar las gracias mil veces por haber llegado hasta aquí después de una orfandad total de más de veinte años, cuando la única referencia que tengo es la de la memoria y la herencia que me han dejado, tan grande que se traduce a una extensa familia y, como tronco de árbol que extiende sus ramas, quiero que lleven en sus brazos la herencia de mis recuerdos que también son los de sus antepasados.

 


                                                                 San Antonio 


Autor: Antonia Marcelo