jueves, 21 de mayo de 2026

VIDA EN BADAJOZ




Avenida de Huelva

Vivo en un barrio de Badajoz muy dinámico ocupado mayormente por niños, padres y abuelos. Los niños a la vuelta del colegio invaden el parque  conocido  por el “trenecito”, gritan, corren y, entre balonazo va y balonazo viene, algunos balones terminan en las cristaleras de los locales comerciales o la terraza del bar donde los padres charlan después del trabajo, que amablemente les devuelven a la chiquillería que agradece el gesto.

Desde mi visión de abuela observadora, a menudo surgen episodios dignos de ser tratados como estudio social, cambios generacionales. Ahora los chicos del instituto, a la hora del recreo, en el parque, toman productos de bollería o fritos del chino de la esquina, mientras ensayan las artes de ligar con sus compañeros.  Nosotros llevábamos el bocadillo hecho de casa, aunque a veces la clase se impregnara de olor a chorizo de matanza.


Arco del Peso y Plaza San José

Las abuelas tenemos nuestro propio registro de actividades. Las hay que vigilan a los nietos, leen sentadas en un banco, toman refrescos en la cafetería o aprovechan para la compra en las tiendas aledañas, donde  cada vez lo tenemos más complicado, pues tienes que tener un móvil con una app para que te hagan el tan deseado descuento de las ofertas. Si se te olvida, cosa normal de la edad, tienes que dejar la compra e ir a por el teléfono para que te descuente  0,80 € de la bolsa de naranjas. En la panadería han traído una caja registradora que acepta toda clase de monedas, por lo que aquellos centimillos que tenías en un tazón, los utilizas para pagar el pan y resulta que la caja se atasca y la panadera te pide que pongas un billete para que se desembarace la registradora de tanta calderilla. Tú, que te prestas rápida a colaborar, sacas un billete de diez euros y lo entras justo en la ranura donde no es. Ya están atascadas las monedas y los billetes. Es que en este barrio hay mucha vida.

 Antonia Marcelo Badajoz

Publicado en el periódico HOY el 19-05-2026



 

domingo, 22 de marzo de 2026

GRACIAS, GRACIAS

 


“Del hueso de una aceituna tengo que hacer un tintero, del tintero una pluma, de la pluma un palillero”

 

Escuchar esta canción infantil me ha reparado el alma. Porque volver a la niñez es conseguir la aguja y el hilo que cose todos los rotos que han transcurrido en la madurez. Igual que la canción que cantábamos en los corros de la puerta de la iglesia al atardecer, cuando las calles se han cansado de las siestas y los hombres y mujeres del pueblo sentados en sus hamacas se balancean y comentan con sus vecinos cómo está siendo la cosecha, cómo está el abuelo, cuándo se casaría la niña, cuándo lloverá o cuándo dejará de llover. Porque allí se escuchaban los grillos en las esquinas y las ranas del arroyo; sobre el cielo no circulaba otra cosa que no fueran aves volando, el ruido más alto era el martillo de la fragua, el crepitar del fuego en la chimenea, la máquina de coser cuando las chicas bordaban sus ajuares o el arriero sobre su carro cantando una canción de amor… y todo olía a limpio, las sábanas secando al sol, la tierra húmeda cuando llovía, el borboteo del puchero…
Por eso tengo que dar las gracias mil veces por haber llegado hasta aquí después de una orfandad total de más de veinte años, cuando la única referencia que tengo es la de la memoria y la herencia que me han dejado, tan grande que se traduce a una extensa familia y, como tronco de árbol que extiende sus ramas, quiero que lleven en sus brazos la herencia de mis recuerdos que también son los de sus antepasados.

 


                                                                 San Antonio 


Autor: Antonia Marcelo 

viernes, 9 de enero de 2026

¡INOCENTE, INOCENTE!

 












 

Corríamos calle abajo, tropezando con las piedras por calles apenas iluminadas por la luz de la luna. Huíamos de los niños que nos querían colgar a la espalda un muñeco de papel recortado, para después burlarse llamándonos a coro. ¡Inocente, inocente! Y sí que lo éramos, porque en nuestra infantil mentalidad tan solo veíamos que nos habían vencido, cuando a tan corta edad, tan siquiera sabíamos el significado de aquella palabra a la que atribuíamos significados incluso obscenos. Lo único que podíamos hacer a continuación  era refugiarnos en casa llorando, para contarles a nuestros padres que aquellos niños se estaban burlando de nosotras. Esto ocurría el 28 de diciembre día de los Santos Inocentes, hasta que llegamos a la edad adulta, cuando descubrimos que somos y seremos inocentes tengamos la edad que tengamos, porque siguen siendo los mismos niños disfrazados de locos  quienes a diario nos persiguen con noticias, falsedades y absurdas promesas, que con tesón mediante todos los medios a su alcance, que son infinitos, y que por mucho que queramos huir de ellos nos atosiga, machaquea y atormenta, para adormecer nuestro inocente cerebro y terminar aceptando, a sabiendas que no es verdad, y que por mucho que nos lo repitan no se cumplirán, porque a pesar de la burla y los lloros, nunca encontraremos tras la puerta del hogar aquellos cariñosos padres que nos digan “no te preocupes cariño, tú no eres inocente, es que los niños locos son malos”.

Publicado 18-12-2026 en periódico HOY
 
Antonia Marcelo Badajoz