domingo, 22 de marzo de 2026

GRACIAS, GRACIAS

 


“Del hueso de una aceituna tengo que hacer un tintero, del tintero una pluma, de la pluma un palillero”

 

Escuchar esta canción infantil me ha reparado el alma. Porque volver a la niñez es conseguir la aguja y el hilo que cose todos los rotos que han transcurrido en la madurez. Igual que la canción que cantábamos en los corros de la puerta de la iglesia al atardecer, cuando las calles se han cansado de las siestas y los hombres y mujeres del pueblo sentados en sus hamacas se balancean y comentan con sus vecinos cómo está siendo la cosecha, cómo está el abuelo, cuándo se casaría la niña, cuándo lloverá o cuándo dejará de llover. Porque allí se escuchaban los grillos en las esquinas y las ranas del arroyo; sobre el cielo no circulaba otra cosa que no fueran aves volando, el ruido más alto era el martillo de la fragua, el crepitar del fuego en la chimenea, la máquina de coser cuando las chicas bordaban sus ajuares o el arriero sobre su carro cantando una canción de amor… y todo olía a limpio, las sábanas secando al sol, la tierra húmeda cuando llovía, el borboteo del puchero…
Por eso tengo que dar las gracias mil veces por haber llegado hasta aquí después de una orfandad total de más de veinte años, cuando la única referencia que tengo es la de la memoria y la herencia que me han dejado, tan grande que se traduce a una extensa familia y, como tronco de árbol que extiende sus ramas, quiero que lleven en sus brazos la herencia de mis recuerdos que también son los de sus antepasados.

 


                                                                 San Antonio 


Autor: Antonia Marcelo 

viernes, 9 de enero de 2026

¡INOCENTE, INOCENTE!

 












 

Corríamos calle abajo, tropezando con las piedras por calles apenas iluminadas por la luz de la luna. Huíamos de los niños que nos querían colgar a la espalda un muñeco de papel recortado, para después burlarse llamándonos a coro. ¡Inocente, inocente! Y sí que lo éramos, porque en nuestra infantil mentalidad tan solo veíamos que nos habían vencido, cuando a tan corta edad, tan siquiera sabíamos el significado de aquella palabra a la que atribuíamos significados incluso obscenos. Lo único que podíamos hacer a continuación  era refugiarnos en casa llorando, para contarles a nuestros padres que aquellos niños se estaban burlando de nosotras. Esto ocurría el 28 de diciembre día de los Santos Inocentes, hasta que llegamos a la edad adulta, cuando descubrimos que somos y seremos inocentes tengamos la edad que tengamos, porque siguen siendo los mismos niños disfrazados de locos  quienes a diario nos persiguen con noticias, falsedades y absurdas promesas, que con tesón mediante todos los medios a su alcance, que son infinitos, y que por mucho que queramos huir de ellos nos atosiga, machaquea y atormenta, para adormecer nuestro inocente cerebro y terminar aceptando, a sabiendas que no es verdad, y que por mucho que nos lo repitan no se cumplirán, porque a pesar de la burla y los lloros, nunca encontraremos tras la puerta del hogar aquellos cariñosos padres que nos digan “no te preocupes cariño, tú no eres inocente, es que los niños locos son malos”.

Publicado 18-12-2026 en periódico HOY
 
Antonia Marcelo Badajoz