viernes, 9 de enero de 2026

¡INOCENTE, INOCENTE!

 












 

Corríamos calle abajo, tropezando con las piedras por calles apenas iluminadas por la luz de la luna. Huíamos de los niños que nos querían colgar a la espalda un muñeco de papel recortado, para después burlarse llamándonos a coro. ¡Inocente, inocente! Y sí que lo éramos, porque en nuestra infantil mentalidad tan solo veíamos que nos habían vencido, cuando a tan corta edad, tan siquiera sabíamos el significado de aquella palabra a la que atribuíamos significados incluso obscenos. Lo único que podíamos hacer a continuación  era refugiarnos en casa llorando, para contarles a nuestros padres que aquellos niños se estaban burlando de nosotras. Esto ocurría el 28 de diciembre día de los Santos Inocentes, hasta que llegamos a la edad adulta, cuando descubrimos que somos y seremos inocentes tengamos la edad que tengamos, porque siguen siendo los mismos niños disfrazados de locos  quienes a diario nos persiguen con noticias, falsedades y absurdas promesas, que con tesón mediante todos los medios a su alcance, que son infinitos, y que por mucho que queramos huir de ellos nos atosiga, machaquea y atormenta, para adormecer nuestro inocente cerebro y terminar aceptando, a sabiendas que no es verdad, y que por mucho que nos lo repitan no se cumplirán, porque a pesar de la burla y los lloros, nunca encontraremos tras la puerta del hogar aquellos cariñosos padres que nos digan “no te preocupes cariño, tú no eres inocente, es que los niños locos son malos”.

Publicado 18-12-2026 en periódico HOY
 
Antonia Marcelo Badajoz